Descubre 5 rincones del Madrid feminista

Con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, te desvelamos 5 rincones que quizás no conocías del Madrid feminista.

¡Porque la historia de esta ciudad también la han escrito las mujeres!

El arte no es solo cosa de hombres

madrid feminista

¿A cuántas pintoras españolas serías capaz de nombrar? Es probable que a ninguna. Cuando pensamos en la pintura española, todo son nombres de hombres. Picasso, Velázquez, Goya… Sin duda artistas inconmensurable que cambiaron el rumbo de la historia del arte.

Pero, ¿y qué hay de las mujeres? Maruja Mallo fue una de las artistas más interesantes del siglo XX en España. Fue, además, una de las artistas surrealistas más interesantes.

De ella dijo Lorca, “Maruja Mallo, entre Verbena y Espantajo toda la belleza del mundo cabe dentro del ojo, sus cuadros son los que he visto pintados con más imaginación, emoción y sensualidad.”

En el Museo Reina Sofía tienen algunas de sus obras más representativas.

La casa en la que nació Clara Campoamor

madrid feminista

El 12 de febrero de 1888 nacía en Madrid una mujer que haría historia. Hija de una costurera y un contable, se llamaba Clara Campoamor Rodríguez.

Consiguió licenciarse en Derecho y ejercer como abogada, algo insólito en la España de principios del siglo XX. Proclamada la II República, Campoamor consiguió ser diputada en un Congreso de los Diputados dominado por los hombres.

La situación era curiosa, porque las mujeres podían ser elegidas y sin embargo no podían votar. El 1 de octubre de 1931 tuvo lugar un debate histórico en las Cortes, en el que se aprobó el voto femenino, en gran parte por la lucha que llevó a cabo Clara Campoamor, que se tuvo en su contra a gran parte de la izquierda y a otra feminista ilustre, también diputada, Victoria Kent.

Que las mujeres puedan votar hoy en España se lo debemos en gran medida a Clara Campoamor. Y una parada obligada en el recorrido por el Madrid feminista es la casa en la que nació.

Está en la calle Marqués de Santa Ana, número 4, en el barrio de Malasaña.

Tabacalera

madrid feminista

En la calle Embajadores, en un edificio catalogado como Bien de Interés Cultural, hoy hay un centro social y cultural conocido simplemente como Tabacalera o Tabacalera de Lavapiés.

En realidad el edificio fue inaugurado en 1809 como la Real Fábrica de Tabacos y Rapé. Quienes trabajaban en él, manipulando el tabaco, eran unas 3.000 mujeres que muy pronto dieron muestra de una sororidad revolucionaria para aquel momento.

Las cigarreras no solo crearon una guardería para poder llevar a sus hijos a su centro de trabajo, sino que en 1885 se amotinaron al grito de “¡Arriba, niñas!”, para pelear por sus derechos laborales.

Las trabajadoras del tabaco fueron un sector pionero en las protestas y las huelgas, demostrando que las mujeres también tenían voz y capacidad de lucha.

La Residencia de Señoritas

madrid feminista

Hoy asumimos como algo normal que las mujeres estudien. Y de hecho suponen más de la mitad del estudiantado universitario.

Pero hubo un tiempo, no tan lejano, en que las mujeres tenían vetado el acceso a la educación. Eso cambió con María de Maeztu y la Residencia de Señoritas.

Aquí, en el edificio situado en la calle Fortuny de Madrid, las mujeres vieron mucho más fácil acceder a la enseñanza universitaria. No solo obtenían alojamiento, sino también formación. El modelo fue todo un éxito.

En el primer año, en 1915, había solo 30 mujeres matriculadas. En 1931, había más de mil. Desgraciadamente la Residencia de Estudiantes dejó de funcionar en 1939, al instaurarse la dictadura franquista.

El monumento conmemorativo a 13 mujeres inocentes

2madrid

Otro lugar obligado en el Madrid feminista es el cementerio de la Almudena. Junto a una de sus tapias, el 5 de agosto de 1939, de madrugada, eran fusiladas 13 jóvenes (9 de ellas menores de edad).

Fueron detenidas en la terrible represión que siguió a la victoria franquista en la Guerra Civil y condenadas a muerte sin haber cometido delito alguno.

Una de ellas se llamaba Julita Conesa. En la carta que escribió a su madre horas antes de ser fusilada, escribió: “que mi nombre no se borre de la historia”.

Hoy conocemos a las 13 jóvenes como las Trece Rosas, y una placa en el cementerio de la Almudena se ocupa de que ninguno de sus nombres se borre de la historia.

shares